In Articulos comentados

ARTÍCULOS COMENTADOS AEEM MES DE JULIO 2019 por la Dra. Ana Castro Pérez del grupo de jóvenes de la AEEM (2018-2022).

  

MENOPAUSE VOLUME 26, ISSUE 7 2019:

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Patrones de prescripción de estrógenos tópicos para la atrofia urogenital en mujeres con cáncer de mama: resultados de una encuesta nacional de proveedores

Lee A. Richter, MD, Jim Han, MS, Sarah Bradley, MD, Filipa C. Lynce, MD, Shawna C. Willey, MD, Eshetu Tefera, MS, and Craig E. Pollack, MD, MHS

 

Este estudio evaluó el conocimiento, las actitudes y los patrones de práctica de los médicos que prescriben estrógeno tópico para mujeres con atrofia urogenital y antecedentes de cáncer de mama. Había heterogeneidad tanto dentro como a través de especialidades, pero en general aproximadamente 2/3 de los proveedores estaban dispuestos a prescribir estrógeno vaginal para mujeres que ya no reciben tratamiento endocrino.

 

720

Estradiol y progesterona biodisponibilidad para síntomas vasomotores de  moderados a severos, tratamiento de los síntomas y protección endometrial con el régimen combinado continuo de TX-001HR (cápsulas de estradiol y progesterona por vía oral)

Rogerio A. Lobo, MD, James Liu, MD, Frank Z. Stanczyk, PhD, Ginger D. Constantine, MD, James H. Pickar, MD, Annette M. Shadiack, PhD, Brian Bernick, MD, and Sebastian Mirkin, MD

Los niveles de progesterona observados con TX-001HR fueron similares en un estudio de fase 1 y en la fase 3 estudio REPLENISH, en el que los síntomas vasomotores mejoraron significativamente con TX-001HR versus placebo, sin hiperplasia endometrial o cáncer. La dosificación oral continua con 100 mg de progesterona parece ser adecuada para contrarrestar los posibles efectos estrogénicos de 0.5 mg o 1 mg de 17-estradiol en el endometrio.

 

800

Seguridad endometrial de dosis bajas de estrógenos vaginales en mujeres postmenopáusicas: revisión sistemática de la evidencia.

Ginger D. Constantine, MD, Shelli Graham, PhD, Kate Lapane, PhD, Kathleen Ohleth, PhD, Brian Bernick, MD, James Liu, MD, and Sebastian Mirkin, MD

En esta revisión sistemática, no se encontró que los estrógenos vaginales a dosis bajas sin oposición con progesterona en mujeres menopáusicas estuvieran asociados con un mayor riesgo de hiperplasia endometrial o cáncer.

 

MATURITAS

Volume 125, pages 57-62.

Entrenamiento muscular del suelo pélvico como tratamiento para el síndrome genitourinario de la menopausia: un estudio de viabilidad de un solo brazo.

 

Joanie Mercier,  Mélanie Morin,  Dina Zaki, Barbara Reichetzer, Marie-Claude Lemieux,  Samir Khalifé,  Chantale Dumoulin

Resumen:

Objetivos:

Los tratamientos para el síndrome genitourinario de la menopausia (SGM) pueden no ser adecuados para todas las mujeres, pueden no ser completamente efectivos y pueden causar efectos adversos. Por lo tanto, existe la necesidad de explorar nuevos enfoques de tratamiento. Los objetivos fueron evaluar la viabilidad del uso de un programa de entrenamiento muscular del suelo pélvico (EMSP) en mujeres posmenopáusicas con SGM e investigar su efecto sobre los síntomas, signos, actividades de la vida diaria (AVD), calidad de vida (QoL) y función sexual.

Diseño del estudio:

Las mujeres posmenopáusicas con SGM participaron en un estudio de viabilidad de un solo brazo incluido en un ensayo controlado aleatorio (ECA) sobre EMSP para la incontinencia urinaria. Este subestudio estaba compuesto por dos evaluaciones previas a la intervención, un programa EMSP de 12 semanas y una evaluación posterior a la intervención.

Las principales medidas:

La viabilidad se definió como la finalización del estudio y la participación en sesiones de fisioterapia y ejercicios en el hogar. Los efectos del programa EMSP se evaluaron midiendo los síntomas de SGM (enfoque de "Síntoma más molesto", ICIQ-UI SF), signos de SGM (escala de evaluación de salud vaginal), impacto de SGM en AVD (cuestionario de síntomas de atrofia), calidad de vida y función sexual ( ICIQ-VS, ICIQ-FLUTSsex) y episodios de fuga.

Resultados:

Treinta y dos mujeres participaron. La tasa de finalización del estudio fue alta (91%), al igual que la participación en sesiones de tratamiento (96%) y ejercicios en el hogar (95%). Después de la intervención, hubo reducciones significativas en los síntomas y signos SGM (p <0.01), así como en sus impactos sobre la AVD, la calidad de vida y la función sexual (p <0.05).

Conclusiones:

Es factible un estudio que incluya un programa de EMSP, y los resultados indican que el EMSP es un enfoque de tratamiento efectivo para mujeres posmenopáusicas con SGM e incontinencia urinaria. Esta intervención debe evaluarse mediante un ECA.

Conclusiones:

  • Tras el cese de denosumab el riesgo de nuevas y múltiples FV rápidamente incrementa a niveles similares a los de las pacientes no tratadas, tratándose en la mitad de las pacientes de FVM (superior que en las pacientes sin tratamiento). Es por ello que los médicos deben controlar bien cuando administrar las dosis de denosumab y en el caso de que algún paciente cese el tratamiento con el mismo, especialmente si tiene una FV anterior, debe recibir un tratamiento con BF  u otro agente antirreabsortivo para prevenir el incremento en el riesgo de FV especialmente FVM.
  • Las pacientes con historia previa de FV presentan un mayor riesgo de FV y FVM.
  • Aquellos que desarrollan FVM presentan una mayor pérdida de DMO que los que presentan FV única.
  • No se encontraron diferencias en las tasas de fracturas no vertebrales entre los dos grupos.

Limitaciones:

  • Un número muy reducido de pacientes fueron seguidos en el análisis “sin tratamiento” por encima de los 7 meses, el periodo en al mayoría de los pacientes fue de 6 meses.
  • El limitado periodo de seguimiento en el estudio de extensión impidió tener una radiografía de control de la mayoría de los pacientes que cesaron el tratamiento de tal manera que probablemente se ha infraestimado el número de fracturas en este brazo y tampoco hubo grupo de comparación con placebo.
  • El estudio no tiene suficiente fuerza como para determinar si los pacientes que cesaron el tratamiento y tuvieron FV durante el periodo sin tratamiento tuvieron mayor pérdida de DMO que aquellos que no tuvieron FV (faltan muchos datos de DMO debido al corto periodo de seguimiento).
  • Un número considerable de casos continuaron un tratamiento con BF oral tras el cese con denosumab o placebo.

 

BONE VOL. 123.

3.- Fassio A, Adami G, Benini C, Vataggiato E, Saag KG, Giollo A et al. Changes en DKK-1, sclerostin, and RANKL serum levels following discontinuation of long-term denosumab treatment in postmenopausal women. Bone 2019 Jun; 123:191-195.

Se presenta un estudio prospectivo llevado a cabo por la Universidad de Verona (Italia) donde se recogen un total de 15 mujeres con OP postmenopáusica sin historia previas de FV que discontinuaron tratamiento con Denosumab después de 84 meses. Tienen una media de 76.8 de edad, unos 60.5 kilos de peso y 1.57 m de altura. Todas recibían 800 UI diarias de vitamina D. Ninguna continuó con otro fármaco para la OP tras finalizar denosumab, el cual abandonaron bien por mejora en la DMO o por someterse a algún procedimiento dental. Resultados:

  • Al año tras el cese de denosumab se halló un descenso estadísticamente significativo en todos los T-Scores (-0.51 en columna lumbar, -0.72 en cadera total y -0.42 en cuello femoral).
  • A los 3 meses tras el cese se observó un incremento significativo en los niveles de CTX-I y PINP, aunque no se observaron cambios en los niveles de DKK-1, sclerostin o RANKL mientras que la PTH descendió de forma significativa. En cambio cuando comparamos los niveles al año tras el cese de denosummab sí que observamos un incremento significativo del RANKL, mientras que los niveles de DKK-1 y sclerostin disminuyen, en contraste con la PTH que vuelve a niveles basales tras finalizar tratamiento con denosumab. Se halló una fuerte correlación positiva entre la ganancia de DMO en columna lumbar en el mes 0 y tras 84 meses de denosumab y los cambios en el RANKL desde la finalización del denosumab y tras 1 año. Se encontró una correlación moderada negativa entre los niveles de RANKL y DKK-1 entre el cese de denosumab y 1 año después.

Conclusiones:

  • Tras 12 meses sin denosumab los niveles de DKK-1 y sclerostin disminuyen mientras que los de RANKL aumentan, lo que apoya un incremento de los MRO tras el cese de denosumab.
  • Después del cese de denosumab la pérdida de DMO en columna lumbar es prácticamente 1/3 de lo ganado durante los 7 años con denosumab, mientras que en la cadera la pérdida viene a ser incluso superior que la ganancia adquirida durante el tratamiento, lo cual no apoya a otros estudios pero puede ser resultado de una muestra pequeña.
  • Estudios previos muestran un ascenso en los niveles de sclerostin y DKK-1 que luego vuelven a descender a partir de los 6 meses de tratamiento. No se han observado fluctuaciones en los niveles de DKK-1, sclerostin ni otros MRO entre los meses 60 y 84 de tratamiento., lo cual nos habla de una posible meseta en los cambios de DKK-1 y sclerostin después de muchos años de tratamiento.
  • La tardía elevación de RANKL podría explicarse por la presencia de un pool de precursores de osteoclastos durmientes, lo cual explicaría también la rápida reabsorción ósea entre los 3 y los 12 meses tras el cese del tratamiento.
  • La ganancia de DMO después del tratamiento parece ser un fuerte predictor del incremento en los niveles séricos del RANKL 12 meses tras el cese.
  • El incremento de RANKL está asociado con el aumento de la reabsorción ósea.
  • Se piensa que la vía de los inhibidores Dkk-1 y sclerostin no es la vía principal de la regulación del hueso tras el cese del tratamiento. Posiblemente el descenso en los niveles de DKK-1 y sclerostin se trate simplemente de un feedback negativo en respuesta a una abrupta reabsorción ósea.

 

 

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